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El otoño en Bariloche inunda la vista de colores ocre y colorado

LOS CERROS DE BARILOCHE

Bariloche tiene esa particularidad de ofrecer cerros infinitos para elegir. Desde lo alto de cada uno, los paisajes son impactantes, pero jamás iguales. Uno de mis preferidos es el Cerro Otto. Quizás sea porque es el primer cerro que conocí y decididamente me enamoré. Desde la ciudad hay una parada del bus que lleva a la base del cerro para esperar el teleférico que sube al cerro donde hay un complejo turístico. Todo está muy organizado y si hay mucho viento no se puede subir por seguridad. Ya había leído todo en la página oficial y pensé que tenía todo bajo control.

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“Cascaritas de nuez” pero funcionan espectacular!

Hice la fila para subir al teleférico.  Cuando llegó mi turno miré la cáscara de nuez roja a la que estaba por subir y un sudor frío me corrió por la espalda. El coche era parecido al de las fotos, pero no parecía tan chiquito frente a esos paisajes tan monumentales. Otras dos mujeres subieron conmigo y al principio íbamos mudas las tres. Alguna rompió el silencio para cortar esa sensación de desamparo…nuestra cascarita roja surcando los aires…”yo ya subí otro año” dijo una…no era suficiente para calmar mis nervios.

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Esa tarde, el camino estaba solitario y silencioso, lleno de paz

Pero llegamos al cerro. Y me enamoré. Me enamoré como jamás pensé que iba a hacerlo de un lugar de montaña. Tal vez haya sido el cóndor que planeó con sus alas extendidas sobre los que estábamos allí haciendo un show, dándonos la bienvenida. Tal vez haya sido la profunda amabilidad de los cuidadores del lugar. No sólo cuidan el Cerro, cuidan a la gente que sube, “nos cuidan”. Ese mediodía como el tiempo estaba feo, no estaban habilitados todos los senderos, así que sólo pude recorrer una parte del bosque que rodea la corona del Cerro Otto. Hacía tanto frío (y era abril!) que un cuidador me prestó su campera. Un gesto simple pero inmenso, así como mi gratitud. El silencio era absoluto, un momento de paz plena, de serenidad inigualable, de belleza total. Estaba sola y no lo podía compartir con nadie pero sentía que la naturaleza era tan perfecta que sólo un acto de amor pudo haberla creado. Y sentí una alegría tan grande que no la puedo explicar con palabras.

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No se pierdan los arco iris espectaculares desde la Confitería Giratoria!
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El lago Nahuel Huapi desde el Cerro Otto

La lluvia me hizo volver, en todos los sentidos de la palabra. Primero fue una llovizna simpática y después agua de verdad. Volví terrenalmente también. Entré al complejo y me zambullí en la confitería giratoria. Me había preguntado qué sería eso de giratoria. Bueno, sorpresa total, mientras me pedía un “goulash” con una copita de tinto para mitigar el frío, advertí que lentamente el restaurant, que está en la cima, va dando la vuelta al cerro en 360 grados y permite ver desde la ciudad hasta el lago Gutiérrez, el Nahuel Huapi, a la vez que voy advirtiendo los arco iris que me llevan a levantarme y sacar fotos sin parar. Reconozco que si tenía algún prejuicio sobre el lugar, éste solito lo derrumbó en un minuto. Me sentía en la gloria total, comida caliente y riquísima, paisajes espectaculares con esa amplitud que sólo se aprecia desde ahí arriba.

Bajé a la ciudad en mi cascarita, ya amigada con la situación y con miles de tips que iba recopilando de mis circunstanciales compañeros de ruta. En resumen: lo pasé genial!

Para más información: http://www.telefericobariloche.com.ar/

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