MENDOZA ÚNICA

La ciudad de Mendoza es una de las más lindas de Argentina. Se destaca por sus veredas amplias y limpias, sus acequias y grandes avenidas. Pero la corona se la llevan los árboles y el diseño de parquización de la ciudad. Los árboles que adornan las calles mendocinas pierden la hoja en invierno, permitiendo que un agradable sol se cuele entre las ramas con sus rayos. Y en verano se agradece su sombra frondosa que nos rescata del calor -a veces agobiante- de la ciudad.

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Sarmiento, es la calle peatonal, donde al mediodía se impone un café con amigos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiene un centro comercial que por la tarde descansa rigurosamente, respetando la hora de la siesta. Al mediodía los mendocinos se juntan a tomar un café en la peatonal Sarmiento. En esta zona de la ciudad se encuentran importantes hoteles. La hotelería mendocina evolucionó mucho en los últimos años y la oferta es amplia y muy buena. En el centro también están los clásicos puntos de encuentro, como la Plaza Independencia, una inmensa plaza de 4 manzanas, algo inusual para la capital de la provincia. Tiene fuentes de agua, juegos infantiles y un escudo luminoso que representa a la provincia.

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Las puertas de entrada al parque son famosas por su belleza arquitectónica

Mi parte favorita de Mendoza es el Parque San Martín diseñado por el paisajista Carlos Thays. Con 300 hectáreas de parque, y bordeando la precordillera, en su entrada tiene unos portones famosos por su belleza arquitectónica. Dentro del parque se pueden realizar infinitas actividades: hay juegos infantiles, cuenta con el Teatro Griego Frank Romero Day, donde se realiza la Fiesta de la vendimia, el Estado de fútbol Malvinas Argentinas, el Club Hípico de Mendoza, el Jardín Botánico, el Rosedal y el Cerro de la Gloria, entre muchos otros.

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Cerro de la Gloria, en el Parque San Martín

El zoológico de Mendoza fue emblemático durante muchos años. Es un zoológico que se encuentra en la ladera del Cerro de la Gloria y va ascendiendo en forma de espiral. Debo haber ido una veintena de veces y jamás me cansé de visitarlo. La variedad de animales que se podían observar allí lo convertían en una atracción obligada para ir con chicos. Había docenas de monos, leones, tucanes, ciervos, ñandúes, hipopótamos, de todo. Y sobre todo los osos. Son geniales. A mediados de 2016 se decidió convertirlo en ecoparque por el deterioro del zoo y para preservar las especies que aún se encontraban allí. Por el momento, está cerrado, así que es conveniente chequear si se reabrió antes de planificar una visita.

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