FEZ, FIEL TRADICIÓN MARROQUÍ

Como cada lugar que conocí en Marruecos, sabía poco antes de llegar. Había leído sobre el lugar, pero la cultura no la describe nadie. Hay que caminar su medina para comprender qué significa Fez, qué significa ser marroquí, sus costumbres, su idiosincrasia. Sin lugar a dudas, Fez es la ciudad marroquí que más me gustó. Sentí que pude palpar un poquito de la forma de ser de su gente, sus tradiciones, su modo de vida. No puedo decir que la conocí a fondo, eso sería falso, pero tuve tiempo suficiente para observar lo que sucede, cómo se vive, qué se acostumbra.

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La medina de Fez es un lugar único en el mundo. Sumergirse en su universo vale la pena. Todo es atractivo, interesante. Es un lugar magnético.

Pasé muchos meses estudiando el lugar antes de viajar. Miraba los mapas de la medina, ya que en Fez viven 800.000 personas. Pero 500.000 viven en la medina. Esto me intrigaba muchísimo. Después de mucho pensarlo, me di cuenta que iba a necesitar un guía, que no tenía la capacidad de entender cómo se manejaba todo allí dentro. Y no me equivoqué. No se trata solamente de saber por dónde entrar y salir, se trata de poder aprovechar el lugar y lo que éste presenta. Y vuelvo a decirles: no me equivoqué en contratar un guía.

Entramos por una de las puertas principales……ya los primeros pasos fueron increíbles. No voy a decir que es un mundo mágico, pero sí tiene un efecto hipnótico. Nos recibieron los animales…algunos vivos…otros muertos… (no pongo fotos aquí porque es bastante impactante). Lo más impresionante fueron las cabezas de cordero que son uno de los manjares más codiciados (y caros) del mercado. Impresionaba ver sus cabezas yertas y con los ojos abiertos. Al lado el carnicero, con sus reces colgando en el frente (¿acaso hay cadena de frío?), el que desplumaba los pollos junto a un vendedor de huevos sentado a su lado. Pegada estaba la «bijouterie» -sí, al lado de la carne-, el puesto de los turrones (deliciosos) y seguían las lámparas, los platos pintados a mano muy cerca de las mandarinas.

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La carnicería
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Frutas y verduras que son un manjar

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Todo este espacio, que parecía infinito, se instala y funciona cada día en la medina. Sus calles son estrechas, algunas tanto que no pueden pasar dos personas a la vez. No existen los nombres de las calles (por lo menos al modo occidental), pero todos saben hacia adonde van. Las mujeres con sus rostros ocultos tras un velo o pañuelo, generalmente, van de a dos y siempre, siempre, están cargando algo: desde un bulto pesado hasta un racimo de menta para preparar el té más increíble de este planeta.

Seguimos caminando entre los negocios y escuchamos unos gritos: es un señor montado en su burro que nos alerta para que nos corramos. Hay que ser rápidos porque no frenan…De repente, mientras estoy comprando unos aros, escuchamos las alegres voces de unos niños cantando: es un jardín de infantes…pero ¿adónde está?…el guía sólo nos indica una pequeña puerta, detrás de la cual el mundo infantil se despliega, sin pensar que el espacio es reducido. Porque no lo es….

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Los frutos secos, deliciosos! sobre todo los dátiles!
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Comenzando las ventas de pan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ahí nuestro guía nos explica que su cultura tiene una característica única: por fuera, las puertas de las casas intentan ser todas iguales, para no ser discriminatorias, entre el que tiene una vida humilde del quien goza de una vida de grandes lujos. No podemos ocultar nuestra sorpresa. Es que en Marruecos, o al menos en Fez, el lujo no se ostenta, no se hace notar. Uno puede ver una puerta común y entrar al Riad más lujoso que se pueda imaginar. Puede estar perdido en medio de un entramado de calles de las cuales sería difícil salir sin ser nativo del lugar, pero por dentro nos deslumbra con su belleza, la decoración increíble, con los muebles, vajilla y detalles más preciosos que nos podamos imaginar.

Si vas a Fez, no te pierdas la medina. Es el lugar por donde empezar tu visita. Ojalá lo disfrutes tanto como yo!

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